Clos Dominic Blanc 2007
El vino blanco de la amiga Dominic y su marido Paco es realmente un vino escaso. Sólo una barrica de 300 litros para abastecer un mercado sediento de blancos dignos de atención. Su trabajo, vinificando desde 2002, me parece fabuloso y envidiable. Han desarrollado una bodega que produce tres vinos (más alguna selección) de lo más apetecibles y a precios, viendo sus vecinos, bastante correctos. Realmente su vino tiene un punto especial, algo mágico, diferente. Es fino, ácido y complejo. Tiene cuerpo, estructura y bravura pero, a su tiempo, elegancia y seda. Ya se que suena a tópico, a descripción de todo en uno, pero realmente son descripciones que encuentro en el vino. No gustará a todos, es difícil y cambiante, pero hay que reconocer que resulta atrevido y sincero. Me gusta. Mucho. Color amarillo claro con reflejos dorados. Aroma de media intensidad, notas de fruta blanca, cereales tostados, acerado, hierbas secas. Fino. Boca con cuerpo pero acidez pronunciada, sin mucha grasa pero complejo, ácido y con más recuerdos de cereales. Largo. Algo de botella le sentará muy bien.
60% Garnatxa Blanca, 30% de dieferentes variedades de la fina “La Tena” (Picapoll, Macabeu, Pedro Ximenes), 10% Riesling de 5 años. Recolección manual y maceración de 24 horas con los hollejos. La lágrima se lleva directamente a una barrica de 300 litros de roble francés nuevo de tostado medio. Fermentación sin adición de levaduras. Crianza de 6 meses y embotellado con ligero filtrado.
Roger
El Roger (Salmonete) es uno de mis pescados favoritos y una tarde de estas, paseando por Blanes, no me pude resistir a la tentación de comprar unos cuantos ejemplares, ya que a 14€ el kilo me pareció un precio de lo más atractivo, más teniendo en cuenta su generoso tamaño. Destripados, bien limpios y horneados unos minutos a alta temperatura (es un pescado de cocción muy rápida) han supuesto una cena de los más veraniega. Servidos con pan con tomate, aceite de oliva virgen y algo de sal gorda. En la nevera quedaba un poco de un fabuloso Lanius Blanc 2006 (D.O.Alella) que con su fragancia fina y acidez punzante han acompañado la mar de bien a los deliciosos bocados de roger.
Ca l’Enric
Tras cuatro años desde la última visita, volvemos a Ca l’Enric (Crta. De Camprodón s/n; La Vall de Bianya. 972 29 00 15). La primera vez que estuvimos fue el dia siguiente a nuestra boda (que celebramos en Les Cols d’Olot) y, la verdad, no teníamos el estómago para demasiadas aventuras. Ahora volvemos para intentar hacer justicia. Voy sin cámara pero si buscais en alguno de los blogs amigos encontrareis algunas fotos de los platos que hemos tomado. El comedor es grande, con mesas muy ámplias y bien separadas entre ellas. La sillas son muy cómodas. La iluminación excesivamente ténue. El servicio es excelente, amable y profesional, con multitud de detalles agradables para mi pequeño. Platos adaptados para ellos, también precios adaptados cosa que, viendo la minuta final, se agradece.
La carta de vinos es extensa, algo caótica en cuanto a existencias y añadas y muy cara. Nos decantamos por un cava Privat Opus Evolutionum (33€) servido en copas muy adecuadas y a buena temperatura de servicio. Se trata de un 100% Chardonnay con larga crianza, un cava de burbuja fina y tacto cremoso, con notas tostadas y de levadura. Un todo terreno para este tipo de comidas con sabores tan variados.
Nos sirvieron de aperitivo una especie de tostaditas rellenas de aceite con tomate (buenas sin más), conseva de rovellons y queso (muy rica, con unas setas sabrosas y el queso fresco y muy cremoso), pincho con aceituna rellena de queso y envuelta en anchoa (aceituna muy grande jugosa con buena anchoa), gírgoles rebozadas (un vicio de fritura), salmon ahumado con perlas de sandía (excelente ahumado con el contrapunto de la frescura de la fruta). Licuado de pepino (tubito de pepino líquido con aceite de oliva. Pasajero). En la carta se puede elegir un menú tradició (68€) o un menú creació (89€). Esta vez elegimos platos de la carta. Gazpacho de tomate, anchoas, granizado de aceite de oliva (26€). Bueno pero nada sorprendente, incluso el gazpacho excesivamente líquido, sin sustancia. Flauta de tortilla de rossinyols, con cebolla, queso y almendra tierna (30€). Sin duda, el mejor plato de la comida: un revuelto fantástico envuelto en una fina tortilla con queso rallado por encima. Bien presentado, sabroso, rozando un nivel muy alto. Pescado de lonja con aceite de espígol (33€). Lomo de rape muy fresco con patata excesivamente bañado en espígol. No me parece un plato a la altura del restaurante, en casa lo puedo simular bastante bien. Mitjana de buey con pipas y royal de setas (30€). Buena carne a la brasa con un pastel fino de setas bastante bueno. De nuevo, el plato no me parece nada especial, simplemente bueno. De postres decidimos compartir, en ración entera, uno de los pre-postres: Aspic de naranja y limón con tisana (15€). Refrescante, con sabor cítrico pero algo falto de personalidad. Café solo muy bueno acompañado de unas trufas heladas sobre un volcán (algo echan que empieza a humear), una performance obviable pero que a mi hijo le ha encantado.
En total 193€ (sumando el IVA y el filete con patatas de mi hijo). Un precio excesivamente alto por el placer percibido. Esto incluye 5 euros +IVA por persona en concepto de pan y servicio. Alucinante. Conste que el servicio de sala, con el siempre exquisito Joan Juncá a la cabeza, está a un nivel muy alto, pero la satisfacción percibida, en la cual el precio pesa bastante, no. Los productos son de primera, el menaje también, pero falta emoción, falta innovación, falta sorpresa. Alta cocina sin corazón. En caso contrario que moderen los precios.

